El “síndrome de la clase turista”, nombre coloquial con el que habitualmente se denomina la trombosis venosa profunda no hace sino aumentar a resultas de la generalización de los viajes en avión en todo el mundo. Esta afección suele tener uno de sus picos anuales en los periodos vacacionales como la próxima navidad. El aumento de la frecuencia de esta afección se entiende porque habitualmente los viajes en avión los suelen realizar personas de una cierta edad.

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El “síndrome de la clase turista” paso a formar parte de la literatura médica después de que un paciente que había pasado muchas horas de vuelo, más de 4 horas, cursó tras la llegada a destino de una grave enfermedad vascular. En esos casos lo que acaba sucediendo es que la inmovilidad prologada provoca que la sangre se estanque. Al síndrome de la clase turista también le afecta la deshidratación y la sudoración excesiva.
Lo habitual es que la trombosis venosa profunda sea sufrida por un viajero sano de cada 6.000 que toman un avión y realizan un viaje de más de 4 horas. Además un 3% de los viajeros de avión son considerados viajeros de riesgo por tener problemas de obesidad, ser mujeres embarazadas, medir más de 1,90 o medir menos de 1,60. También son pacientes de riesgo las mujeres que toman anticonceptivos, personas que sufren de varices, con problemas de coagulación o sufren de cáncer.
Otro de los problemas del “síndrome de la clase turista” es que el diagnóstico es dificultoso porque los síntomas se suelen presentar inclusive días después de haberse producido el viaje en avión.
Fuente: La Vanguardia | Imagen: Phillip C
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